con el síndrome de estocolmo
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dos semanas
de larguísimos días y largas noches
en moscú con clientes,
coronas y risa abierta
una rápida despedida en una puerta giratoria
y en el último giro ya no estaban
y sólo quedaba el frío
las grietas en la acera
los cables cruzando el cielo
y un gorro de 5 a 8 años en mi bolso
tengo el síndrome de estocolmo
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